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El firmamento versión 2.0 es mucho más brillante, menos útil y definitivamente más feo
Según un estudio del Observatorio Europeo Austral (ESO), las propuestas actuales para subir satélites a la denominada «órbita baja» empiezan empezando a salirse de madre. Las empresas quieren lanzar más de 1,7 millones de satélites, cuando desde 2019 la cifra de satélites en órbita ha llegado ya a 14.000 (32.000 si se cuentan «satélites muertos» y otra basura espacial).
El astrónomo Olivier Hainaut calcula en su estudio Large or bright satellite constellations: Effects on observations, including background sky brightness que, para no impedir la astronomía desde tierra, el límite razonable debería rondar los 100.000 satélites y que brillaran menos de la magnitud visual 7, es decir, que fuera invisibles a simple vista incluso en los cielos más oscuros.
Para situarlo en contexto, a causa del brillo de la megaconstelación StarLink de SpaceX, algunas imágenes del Very Large Telescope de Chile podrían perder hasta un 28% del campo de visión apenas 2 horas después del anochecer.
Pero el caso más llamativo es quizá el de Reflect Orbital, una startup que quiere poner en órbita satélites-espejo para enviar luz solar de noche sobre zonas de al menos 5 kilómetros de ancho. Suena un poco WTF, pero así están las cosas. Su descerebrado plan es empezar con un prototipo este mismo año y llegar a 50.000 satélites en 2035. Según las simulaciones, una constelación completa de este tipo podría hacer que el cielo nocturno fuera entre 3 y 4 veces más brillante. ¿Suena algo cafre? Pues si uno de esos satélites apuntara directamente a un observador, lo vería 4 veces más brillante que la Luna llena.
Para la astronomía óptica esto ya no es cosa de unas pocas «rayas molestas» en las fotos: es la diferencia entre que el cielo nocturno siga siendo observable o no.
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Los zanagramas hacen que encontrar las palabras ocultas sea todo un verdadero rompecabezas
Estos juegos, llamados Zanagramas consisten en formar palabras uniendo las letras que aparecen en el tablero. Basta arrastrar el ratón o el dedo, pero hay que seguir los caminos indicados. Lo mejor es que está disponible en español, además del inglés original.
El mínimo de letras para las palabras son 4, y además las hay de dos tipos: las palabras que hay que encontrar y las palabras bonus que son aquellas menos comunes, coloquiales o de jerga (incluyendo palabrotas) que se dan por válidas pero no puntúan.
El contador muestra cuántas palabras hay que encontrar, y va bajando según aciertas. Pero, la verdad, fácil no es, aunque lo parece. Muchas veces te atascas o empecinas con las letras de una zona y es que no hay manera. Otras veces es fácil encontrar palabras aunque hay que usar formas verbales o giros realmente raros.
Además del juego en sí, que es el clásico «reto diario» hay alguna otra opción, como el modo oscuro o acceder a retos anteriores. Da para un buen rato y además pica bastante por la dificultad que tiene.
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Footfal de Larry Niven y Jerry Pournelle, para muchos la mejor novela sobre una invasión alienígena; para mí un choteo
Footfall. Por Larry Niven y Jerry Pournelle. Spectrum Literary Agency, Inc., 19 de abril de 2016. 609 páginas.
Varios telescopios detectan un objeto que se está aproximando a la Tierra. Pero las características de su desplazamiento pronto dejan claro que lo hace con propulsión propia. Así que tiene que ser una nave alienígena.
Todos los intentos por ponerse en contacto con ella o sus posible tripulantes son ignorados. Y el día que alcanza la órbita terrestre su primer acto es destruir la estación espacial soviética y capturar la parte de su tripulación que sobrevive, incluyendo al congresista que los Estados Unidos han enviado como emisario.
Y ya puestos, se dedican a dejar caer meteoritos sobre presas, centrales eléctricas, instalaciones militares y casi cualquier infraestructura. Con especial atención a los Estados Unidos, zona que los alienígenas identifican como la más avanzada del planeta por la cantidad de infraestructuras que tiene.
El mensaje para la humanidad: rendición total o la muerte.
A partir de ahí viene la forma de buscar oponerse a estos alienígenas hostiles, como en muchas otras novelas del subgénero de las invasiones alienígenas. Con muchas muertes, desastres variados y tal.
Había oído decir en varias ocasiones que esta es la mejor novela del subgénero. Pero la verdad es que mi impresión es que los autores se echaron unas risas mientras la escribían y no descarto del todo que fuera pensando en chotearse del género.
¿Que no hay narices a hacer que el presidente de los Estados Unidos esté asesorado por un grupo de escritores de ciencia ficción a la hora de tomar decisiones sobre cómo enfrentarse a la invasión? Sujétame el cubata.
Menos mal que me costó poco más de cinco euros.
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