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Leo Express (Renfe) aumenta un 5% sus ingresos en 2025 y espera alcanzar los 6 millones de pasajeros este año
El firmamento versión 2.0 es mucho más brillante, menos útil y definitivamente más feo
Según un estudio del Observatorio Europeo Austral (ESO), las propuestas actuales para subir satélites a la denominada «órbita baja» empiezan empezando a salirse de madre. Las empresas quieren lanzar más de 1,7 millones de satélites, cuando desde 2019 la cifra de satélites en órbita ha llegado ya a 14.000 (32.000 si se cuentan «satélites muertos» y otra basura espacial).
El astrónomo Olivier Hainaut calcula en su estudio Large or bright satellite constellations: Effects on observations, including background sky brightness que, para no impedir la astronomía desde tierra, el límite razonable debería rondar los 100.000 satélites y que brillaran menos de la magnitud visual 7, es decir, que fuera invisibles a simple vista incluso en los cielos más oscuros.
Para situarlo en contexto, a causa del brillo de la megaconstelación StarLink de SpaceX, algunas imágenes del Very Large Telescope de Chile podrían perder hasta un 28% del campo de visión apenas 2 horas después del anochecer.
Pero el caso más llamativo es quizá el de Reflect Orbital, una startup que quiere poner en órbita satélites-espejo para enviar luz solar de noche sobre zonas de al menos 5 kilómetros de ancho. Suena un poco WTF, pero así están las cosas. Su descerebrado plan es empezar con un prototipo este mismo año y llegar a 50.000 satélites en 2035. Según las simulaciones, una constelación completa de este tipo podría hacer que el cielo nocturno fuera entre 3 y 4 veces más brillante. ¿Suena algo cafre? Pues si uno de esos satélites apuntara directamente a un observador, lo vería 4 veces más brillante que la Luna llena.
Para la astronomía óptica esto ya no es cosa de unas pocas «rayas molestas» en las fotos: es la diferencia entre que el cielo nocturno siga siendo observable o no.
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Los zanagramas hacen que encontrar las palabras ocultas sea todo un verdadero rompecabezas
Estos juegos, llamados Zanagramas consisten en formar palabras uniendo las letras que aparecen en el tablero. Basta arrastrar el ratón o el dedo, pero hay que seguir los caminos indicados. Lo mejor es que está disponible en español, además del inglés original.
El mínimo de letras para las palabras son 4, y además las hay de dos tipos: las palabras que hay que encontrar y las palabras bonus que son aquellas menos comunes, coloquiales o de jerga (incluyendo palabrotas) que se dan por válidas pero no puntúan.
El contador muestra cuántas palabras hay que encontrar, y va bajando según aciertas. Pero, la verdad, fácil no es, aunque lo parece. Muchas veces te atascas o empecinas con las letras de una zona y es que no hay manera. Otras veces es fácil encontrar palabras aunque hay que usar formas verbales o giros realmente raros.
Además del juego en sí, que es el clásico «reto diario» hay alguna otra opción, como el modo oscuro o acceder a retos anteriores. Da para un buen rato y además pica bastante por la dificultad que tiene.
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