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El presidente Trump estrena su nuevo avión presidencial, que voló así como el Air Force One por primera vez
El VC-25 Bridge todo brillantito - Fuerza Aérea de los Estados Unidos
Un vuelo entre la base Andrews y Dakota del Norte para participar en la inauguración de la Biblioteca Presidencial Theodore Roosevelt fue la primera ocasión en la que el presidente Trump voló a bordo del Boeing 747-800 que le regaló Qatar. Durante ese vuelo, y durante el vuelo de vuelta, el avión usó el indicativo Air Force One, que es el que le corresponde a cualquier avión de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos en el que vaya el presidente en ese momento.
Aunque en este caso es todo bastante turbio, ya que el regalo de Qatar en realidad es para Trump y el avión pasará a ser parte de su propia biblioteca presidencial cuando deje el cargo. Así que el avión es de la Fuerza Aérea «de aquella manera».
Es un avión valorado en su momento en 400 millones de dólares, aunque tras las modificaciones a las que ha sido sometido para poder volar como avión presidencial nadie tiene muy claro por cuánto anda la cuenta ya. Hay estimaciones que sitúan el coste de prepararlo entre los 400 y los 1.000 millones de dólares.
En Inside The Making Of The New Air Force One se puede leer una entrevista con Jason Lambert, el director de la división de L3Harris que se encargó de hacer las modificaciones, en la que cuenta un poco de todo el proceso. Un poco porque a muchas preguntas la respuesta es que hay que preguntarle a la Fuerza Aérea.
El 747 ex-catarí ha recibido la denominación VC-25 Bridge, de puente, mientras entran en servicio los dos VC-25B que la Fuerza Aérea de los Estados Unidos encargó en su momento a Boeing. Que, para variar, van pasados de precio y de presupuesto.
Pero mientras tanto, uno de los VC-25A que tienen que sustituir volaba detrás del VC-25 Bridge por si acaso.
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La propiedad digital era esto: pagar por algo que no es del todo tuyo, y cada vez hay menos opciones
La situación con el tema de los contenidos digitales en formatos físicos vs. versiones temporales a modo de «licencias» es cada vez más oscura. Antiguamente, comprabas un libro, un juego en CD en una caja o una película y pasaba a ser de tu propiedad: podrías usarlo en tu casa, cuando quisieras y sin depender de nadie. Podías revenderlo, regalarlo o dejárselo a tus herederos. Pero hoy en día todo tiende a ser una «propiedad digital» que no adquieres, sino que licencias y que puede desaparecer como si alguien te robara de tu estantería el libro, el CD del juego o la película.
En The Case for Physical Media Ownership Cem Dervis va recopilando situaciones, enlaces, hitos y casos reales respecto a esta forma distópica de propiedad que está reemplazando a los «medios físicos» de toda la vida, para que quede constancia de fechas, casos y hechos. Los más recientes: Sony ha anunciado que dejará de producir discos físicos para nuevos juegos de PlayStation a partir de enero de 2028 y Rockstar ha anunciado que el próximo GTA 6 no saldrá en formato físico tampoco (si acaso, «caja con papelito con el código»). Últimos clavos en el ataúd de los juegos físicos, algo que ha cabreado hasta a las tiendas de videojuegos.
Además, cada vez hay menos opciones: libros que solo se publican online, juegos que solo están disponibles en plataformas como Steam o PlayStation (y no como «juego físico») y música en streaming, nada de CDs. Los precios, además, ni siquiera reflejan la diferencia: pagarás lo mismo (o más) por la copia digital que por una caja con su disco, librito y goodies para decorar tu estantería.
Cosas que suceden en un mundo distópico#1 - Las copias digitales suelen significar «acceso licenciado». Como tal, esas licencias pueden revocarse por muchas razones. Suelen estar vinculadas a una cuenta online, y no pueden revenderse, intercambiarse o «volver a la vida» si el fabricante o la tienda cierran y desaparecen. A este respecto, muchos juegos multijugador dejan de funcionar porque los fabricantes cierran los servidores o no los mantienen.
La iniciativa Stop Killing Games ha intentado acabar con estas prácticas trabajando con asociaciones de consumidores y llevando iniciativas al parlamento en Europa y Estados Unidos, con resultados desiguales según las épocas. Básicamente piden que si una empresa va a cerrar los servidores de un juego, los dejen en un estado funcional para que los usuarios puedan matenerlos si son capaces de autoorganizarse y pagar lo que cuesta el alojamiento y mantenimiento, algo que a veces se ha hecho (hay mucho fan y comunidad de ciertos juegos). BaityBait tiene vídeos con gran explicación del tema y también de su estado actual, que incluye un millón de firmas conseguidas a favor de la iniciativa.
#2 - Contenido que desaparece. No siempre es necesario que una empresa quiebre para que el contenido licenciado «vuele» para siempre y deje de estar disponible. Disney (ciertas películas), HBO, Sony (anuncia matanza de 500+ películas para septiembre 2006), Apple, Microsoft (y su tienda de ebooks), Netflix, Amazon… quien más quien menos ha eliminado películas, música, series (incluso producciones propias), juegos o libros «adquiridos» o contratados en su momento con alguna zafia explicación («cambios de licencias», «puedes descargártelos antes en local»…) A veces han devuelto el dinero, no sin muchas quejas y escarnio público.
#3 - Donde dije… Muchos consumidores consideran que el botón «Comprar» de Amazon significa «Comprar», no «Licenciar». Así que ha habido muchas demandas al respecto. También sucede que a veces se contrata un servicio con ciertas licencias y expectativas (Netflix, Creative Cloud de Adobe…) para ver poco después como desaparecen títulos o aumentan los precios de forma desorbitada. Eso no era lo que se dijo originalmente, dicen los consumidores. Si compras el acceso a Netflix porque tienen La casa de papel y la retiran a la semana siguiente… ¿Qué narices de acceso habías «comprado»?
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