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El test de Lovelace es una versión más exigente del test de Turing para las IAs, que los LLM actuales ya podrían haber superado
Estuve viendo en el artículo The Lovelace Test Revisited de Paul Siemers cómo enfoca el llamado test de Lovelace, una especie de alternativa de hace dos décadas, más exigente que la de Turing acerca de si las máquinas podrían actuar de forma indistinguible a los humanos.
Las bases del test de Lovelace se publicaron en Minds and Machines en 2001 y se ha considerado durante mucho tiempo una de las más exigentes para «medir la inteligencia artificial» (sea lo que sea eso). La idea de sus autores, Bringsjord, Bello y Ferrucci, es sencilla y va más allá de la de Turing:
Una máquina inteligente debería poder producir algo original de forma que ni siquiera sus propios creadores puedaan explicar completamente cómo lo ha hecho.Frente al clásico test de Turing, que está ideado para reconocer si una máquina parece humana conversando (hay quien lo considera ya superado), el test de Lovelace intenta medir la creatividad, otra característica que se considera superior y propia de los seres inteligentes. Sus autores sostienen que sólo se puede considerar que un ordenador tiene «mente» si muestra creatividad de forma independiente a los humanos. En 2014 se publicaría el test de Lovelace 2.0, una versión mejorada que además permitía comparar la inteligencia relativa de distintos agentes.
Los expertos siguen divididos entre si esa creatividad es propia de loros estocásticos o de entidades realmente inteligentes y creativas.
El artículo viene a afirmar que los modelos actuales tipo ChatGPT ya superan la prueba de Lovelace sobradamente. Habla de cómo se ha pasado de modelos especializados que sólo servían en un contexto (escribir novelas de amor y traición, jugar al go, etcétera) a otros más generales, gracias a haber ingerido enormes cantidades de textos, código e imágenes producidos por humanos y utilizar luego estimaciones probabilísticas.
El punto es que en las premisas del test de Lovelace se establece que los creadores del sistema (ChatGPT en este caso) deberían poder dar una explicación válida para reconstruir un resultado de forma concreta y detallada. Pero estos sistemas pueden necesitar del orden de 1014 a 1015 cálculos para generar un texto, por ejemplo un relato de apenas 500 palabras. Algo que ya sería «imposible de reconstruir» para ningún humano en un tiempo razonable, por no hablar de que la versión original de la prueba hablaba de «uno o dos años».
¿Hacen esas IAs cosas para las que no fueron entrenadas? ¿Son realmente creativas? ¿Es tan sorprendente esa creatividad? Quizá, como dicen en el artículo, el test de Lovelace solo mida otra cosa: la imprevisibilidad. Algo que también acercaría a las IAs a un rasgo propio de la humanidad, aunque no por el mismo camino.
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Imagen: Ada Lovelace (CC) SuperColoring.com
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Feliz cumpleaños, láser: la luz coherente, digna de la mejor ciencia ficción, cumple 66 años
Tal día como hoy, un 16 de mayo pero de 1960, Theodore Maiman logró hacer funcionar el primer láser usando una barra de rubí. Lo curioso es que fue un caso de esos en los que durante un tiempo muchos lo consideraron «una solución en busca de un problema», una especie de invento muy elegante pero sin una utilidad evidente.
Einstein ya había establecido las bases teóricas allá por 1916-17, con la emisión estimulada de radiación; los máseres de microondas llegarían en 1953, pero todavía no existía un dispositivo equivalente que produjera un haz de radiación óptica coherente. La ciencia ficción imaginaba este invento y todas sus variaciones (phasers, blásteres y todo tipo de «rayos de la muerte») como rayos de luz capaces de atravesar puertas metálicas, derribar naves espaciales o convertirse en armas de bolsillo… sí, auténticos sables láser o espadas de luz (según la traducción).
La realidad acabó siendo menos espectacular, pero bastante más útil: hoy en día cualquier hogar tiene varios láseres escondidos. Están en lectores de CD, DVD o Blu-ray, en impresoras, en algunos coches y robots aspiradores con sistemas LiDAR para medir distancias, en la conexión de fibra óptica que lleva internet al hogar y en otro montón de chismes electrónicos que pasan desapercibidos. Alabado sea Maiman. [Fuente: Wikipedia.]
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La cremallera triangular que resurgió después de 40 años gracias a la impresión 3-D
Esta cremallera triangular que han reinventado en el M.I.T. es en realidad una idea propuesta en 1985 por el profesor William Freeman. Un adelantado a su tiempo, porque en aquella época fabricarla era sumamente caro y complicado, casi imposible. Hoy en día, gracias a la impresión 3D y al software de diseño ha podido hacerse realidad y es mucho más barata y viable. Sus piezas están impresas en 3D y son resistentes; en las pruebas sobrevivió a 18.000 ciclos de apertura/cierra antes de romperse, lo cual no está nada mal.
Como se puede ver en el vídeo, el diseño de la Y-Zipper (su nombre original, aunque a mi me hubiera gustado más algo como Trimallera, Zipzilla o Flexipalo™) es sumamente ingenioso y se comporta un poco como la cremallera de Schrödinger: blanda y rígida a la vez. Mientras está separada, la cremallera es flexible, pero cuando se unen las tres tiras, adquiere rigidez de súbitamente. Lo mejor es que no siempre ha de formar una estructura recta: se pueden fabricar las piezas de modo que dibuje curvas y otras formas más enrevesadas.
En el vídeo se pueden ver algunas de las «potenciales aplicaciones» que podría tener y que alimentan la imaginación de ingenieros y diseñadores industriales: robots con patas que cambian de rigidez y altura sobre la marcha (evitando obstáculos), férulas médicas ajustables, estructuras desplegables para refugios y tiendas de campaña, e incluso componentes espaciales compactos para satélites o sondas espaciales (siempre hay algo «espacial» en estos inventos).
Quienes lo han visto en acción se dividen entre los de «¡esto es el futuro!» y los de «Mola, pero… ¿para qué sirve exactamente?”» A mi me ha parecido una cremallera ingeniosa, sencilla y viable, así que le deseo lo mejor. Además, ya se está compartiendo entre las comunidades de makers, así que puede que empecemos a verla en acción como parte de algún invento más llamativo en breve. ¡Larga vida a la idea de Freeman!
(Vía Tom’s Hardware.)
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