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TitleArt: vuelve el WordArt de los 90, cuando el «buen gusto» parecía un error de Windows
Hubo una época en la que cualquier documento de Word podía convertirse en un atentado contra las más básicas normas de diseño tipográfico con un par de clics. Eran los maravillosos años 90, cuando una herramienta llamada WordArt incluida en Microsoft Office permitía a cualquiera distorsionar las letras, aplicar degradados radioactivos y añadir sombras tridimensionales con la sutileza de un ladrillazo en la cara. Aquella utilidad alcanzó su máximo en el dial de horterez en los años 90 y, contra todo pronóstico y pese a los ruegos de los diseñadores gráficos, sigue existiendo en 2026.
Pero lo mejor es que David Barker ha recuperado la aberración estética original de 1997 llamándola TitleArt. Funciona directamente en el navegador y su creador ha reconstruido los estilos originales a partir de capturas de pantalla. Tal vez porque, puestos a recuperar traumas infantiles, mejor hacerlo con precisión histórica.
TitleArt incluye letras curvadas, perspectivas imposibles, degradados chillones, sombras y efectos 3-D capaces de provocar desprendimientos de retina y convulsiones. Se pueden combinar textos, imágenes, formas y adornos para crear desde una felicitación de cumpleaños (que seguramente era la intención inicial) hasta presentaciones corporativa (que no lo era) lo cual debería constituir causa de despido procedente.
Naturalmente, también incluye las tipografías de la época, desde la obligatoria Times Roman y la memética Impact a la Comic Sans, que era considerada una (¡ejem!) «opción de diseño». Recordemos que para usarlo correctamente los títulos necesitaban diecisiete efectos simultáneos y que el concepto «espacio en blanco» se consideraba un desperdicio de recursos. Solo le faltaría el fondo de mármol, los GIF animados de llamas, un MIDI de fondo y ya podríamos agonizar tranquilos bajo tanta creatividad.
Está claro que el buen gusto murió en 1997. Pero ahora podemos volver a profanar su tumba, y gratis.
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El Pappcomputer, un ordenador de cartón de 1969: sin chips, sin electricidad y con programas de papel
En 1969, mientras el ser humano llegaba a la Luna y Arpanet estaba en pañales, Alexander Stüler publicaba un librito titulado Wir bauen einen Computer (Construyamos un ordenador), que incluía instrucciones para fabricar una «máquina pensante» utilizando únicamente cartón, papel, tijeras y pegamento. No hacía gran cosa y tenía más truco que el almendruco, pero parece que le encantó a los niños de la época. [La traducción automática de Google es legible, para quienes no sepan alemán.]
La descripción de aquella máquina está en el blog del Museo Heinz Nixdorf, donde explican esta curiosidad de la historia de la informática. El libro, publicado por Aulis Verlag, tenía 92 páginas, tamaño postal y permitía construir un ordenador de 30 × 17 cm con un pequeño panel de cinco centímetros de altura. Fue uno de los precursores de los ordenadores de cartón modernos… si aceptamos cartón como tecnología de compañía.
Más simple que un cubo (…de cartón)El invento, bautizado retrospectivamente como Pappcomputer (ordenador de cartón), funcionaba mediante láminas de cartón deslizantes. Tenía una especie de «memoria» con seis posiciones (no se podía hablar ni de bytes), dos selectores con dos posiciones cada uno y unas ventanitas a modo de displays o «pantallas» que mostraban los resultados. Un poco de imaginación había que echarle al asunto, eso sí.
Su funcionamiento era muy rudimentario: se colocaban dos tiras de entrada y salida con las opciones correspondientes. Por ejemplo, para predecir el tiempo se seleccionaba verano o invierno, si la presión atmosférica subía o bajaba y si la temperatura aumentaba o descendía. ¡Tachán! El resultado aparecía instantáneamente, bueno, malo o variable. No es que aquello «calculara» mucho… El truco era que no calculaba realmente nada: las respuestas estaban precodificadas en las plantillas, como es obvio. Era como una especie de tabla de consulta mecánica, con un número relativamente limitado de opciones, que no necesitaba procesador, electricidad ni necesidad de instalar actualizaciones.
La idea era heredera de otro dispositivo clave de la informática: la máquina de Turing de 1936, que podía simularse hasta con lápiz y papel. Pero para entender algunos conceptos y entretenerse un rato montándolo y cambiando fichas tenía su pase, especialmente entre los más jóvenes.
De este estilo en 1968 aparecieron más adelante el CARDIAC estadounidense, también de cartón, y el LOGIKUS alemán, en plástico. Stüler desarrolló más de 50 páginas de programas para su peculiar invento de cartón e incluso añadió una cuarta plantilla para ampliar sus posibilidades. En 1972 publicó una continuación del libro, titulada Eine kluge Box (Una caja inteligente).
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D.E.P. Walter Koenig, más conocido como el alférez Pavel Chekov en Star Trek y Alfred Bester en Babylon 5
Hoy hemos recibido la triste noticia del fallecimiento de Walter Koenig (1936-2026), el actor que fuera sobre todo conocido entre los aficionados como el navegante del USS Enterprise en Star Trek: la serie original como el alférez Pavel Chekov. Koenig se incorporó a la serie en su segunda temporada, durante 36 episodios y continuaría trabajando en ella en las siete películas en las que apareció la tripulación original.
Los fans celebraron su aparición en otra mítica serie de los 90, Babylon 5 (de la que poco hemos hablado por aquí) como Alfred Bester, un Psi Cop nivel P12, un malo malérrimo que todo el mundo odiaba y para el cual hizo una gran interpretación. A Michael Straczynski, guionista de la serie, le gustaba tanto que cambió su aparición reescribiendo parte de la historia para darle otro papel que le diera tiempo para recuperarse de un infarto que sufrió en 1993. Koenig decía que había sido la mejor interpretación de toda su carrera.
La incorporación de Chekov en Star Trek fue toda una ruptura con los cánones, toda una lección de su creador, Gene Roddenberry. Era meter a un ruso, que tenía acento ruso y hacía chistes sobre Rusia, en la nave insignia de la Flota Estelar… mientras en el MundoReal™ Estados Unidos estaba inmerso en plena Guerra Fría con la Unión Soviética. Chekov además llevaba un característico corte de pelo «estilo Beatles» que llamaba la atención; en pleno apogeo de la banda rockera de Liverpool fue otro gran éxito (sobre todo entre las adolescentes de la época). Más de una vez había contado que, tras William Shatner (Kirk) y Leonard Nimoy (Spock), él era quien recibía más cartas de los fans.
En la serie Chekov era el alférez responsable de la navegación en el Enterprise; sus diálogos algunas veces se limitaban a dar indicaciones de rumbo y estimaciones de los tiempos de viaje de la nave a velocidades superlumínicas. Pero se ganó a todos con su carisma y fueron ampliándole su papel; no era raro que el navegante bajara con Kirk y compañía a explorar los planetas lejanos. Con el tiempo ya en las películas ascendería a teniente y finalmente a comandante. Su recuerdo nos acompañará cada vez que marquemos el rumbo en el navegador del coche.
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