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Los Marines de los Estados Unidos le dicen adiós al Harrier tras 55 años de servicio
El tres de junio de 2026 cinco McDonnell Douglas (ahora Boeing) AV-8B Harrier II del Escuadrón de ataque 232 «Bulldogs» de los Marines llevaron a cabo el último vuelo operativo del modelo para las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos.
Eso pone fin a una carrera que empezó en enero de 1985. Aunque si tenemos en cuenta a su predecesor, el AV-8A Harrier, que entró en servicio en 1971, en total han sido 55 años de servicio.
El Harrier, en cualquiera de sus variantes, es un avión icónico en la aviación en general y en la militar en particular porque es el único que ha demostrado la validez del concepto de un avión capaz de despegar y aterrizar en vertical. O al menos lo era hasta la llegada del Lockheed Martin F-35B Lightning II, aunque la fiabilidad y la disponibilidad del F-35, con haber mejorado en los último años, no está aún al nivel esperado.
Y no, no me olvido del Yakovlev Yak-38 Forger, la respuesta soviética al concepto, que aunque llegó a estar en servicio entre 1971 y 1991 nunca llegó a cumplir con las expectativas.
Para quienes no son del ramo del aerotrastorno el momento de gloria del Harrier II probablemente estuvo en Mentiras arriesgadas, la película en la que Arnold Schwarzenegger interpreta a Harry Tasker, un agente del gobierno de los Estados Unidos que en un momento dado utilizar uno para salvar a su hija de los malos.
Último aterrizaje operativo de un Harrier II para los Marines – Cabo Bryan Giraldo/Cuerpo de Marines de los Estados Unidos
La retirada del servicio del Harrier II por parte de los Marines deja a las armadas española e italiana como únicas operadoras del modelo, cada una de ellas con doce monoplazas y un biplaza. Pero también abre la posibilidad de que puedan mantenerlos en servicio durante más tiempo ya que va a haber disponibilidad de todo tipo de repuestos gracias a los aviones de los Marines. Y de hecho España ya ha adquirido un lote de repuestos mientras decide si comprar el F-35B. Que por ahora es que no.
Así que, al menos a este lado del Atlántico, parece que aún nos quedan unos años de alucinar con las exhibiciones de los Harrier II de la Armada en los festivales aéreos. Pero hay que darse prisa por si acaso.
Un libro impreso en 3-D que se escribe a sí mismo, más o menos
Este pequeño libro titulado Manual, creado por Darius Ou y Benson Chong está impreso en 3-D: desde las páginas a la encuadernación y el texto en relieve; todo sale tal cual de la máquina, sin tener que añadir nado.
La gracia está en la autorreferencia del asunto: lo que aparece en sus páginas es parte del código G utilizado por la impresora usa para fabricar el propio libro. En otras palabras; Manual no solo «cuenta» algo, sino que lleva grabada la historia de cómo fue creado.
El proyecto usa una técnica llamada XY-for-Z, que permite imprimir el libro ya encuadernado como un objeto que puede sostenerse, abrirse y leerse a simple vista. Sus autores lo plantean como un r-book, o libro autorreplicable: algo a medio camino entre el libro físico y el electrónico, capaz de «clonarse» a sí mismo, un poco en la línea del proyecto RepRap. La idea es que el archivo de código podría viajar por internet y luego materializarse físicamente en otro sitio. En forma de píxeles como puños, pero en versión capas de plástico.
El asunto, eso sí, tiene un poco de truqui. De momento Manual tiene un límites muy físico: su primera versión sólo contiene el 2,5% de su propio código G. Incluir más sería complicado porque cada nueva letra impresa añadiría más datos que describir, creando una especie de bucle sin fin, que de momento es creciente, hasta que vean cómo pueden optimizarlo. Muy autorreferente todo.
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