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En busca del último continente, la apasionante historia de supervivencia de los miembros del equipo norte de la Expedición Ártica Canadiense
En busca del último continente: El desastre del Karluk en el Ártico. Por Javier Peláez. Crítica, 8 de abril de 2026. 389 páginas.
A principios del siglo XX nadie tenía claro del todo si en el Ártico existían tierras o incluso un continente sin descubrir. Así que Vilhjalmur Stefansson, que a pesar de su nombre era canadiense, consiguió convencer al gobierno de su país para que financiara la Expedición Ártica Canadiense de la que él sería el líder. Ya para esto hizo algunas trampas y engañó a algunas instituciones.
Así que Stefansson se puso a «organizarla». Nótense las comillas. La teoría decía que la expedición estaría divida en dos, la Expedición Sur y la Expedición Norte. Cada una de ellas contaría con un barco y un equipo científico además de la tripulación.
Pero el gobierno canadiense estipuló que tenían que partir en el verano de 1913, y ahí empezaron las prisas que llevaron a Stefansson a contratar personal para la expedición que en su mayoría no tenía experiencia alguna en el Ártico. Por no hablar del Karluk, el barco asignado a la Expedición Norte, que había pasado ya de largo sus mejores días. O de la calidad de los suministros, algo que terminaría por pasar factura a algunos de los miembros de la expedición.
Además, con las prisas por partir, tanto los suministros como el material científico como el personal de la expedición partieron distribuidos de cualquier manera entre los dos barcos. Zarparon de Nome el 13 de julio de 1913 con la idea de juntarse en la isla Herschel.
Aunque el Karluk nunca llegaría allí. El 1 de agosto, cuando ya navegaba dentro del círculo polar ártico, empezó a nevar a la vez que el hielo empezó a rodearlo. Hielo del que ya nunca podrá escapar hasta que el 10 de enero de 1914 la presión del hielo terminó por agujerear el casco, lo que hizo que se hundiera al día siguiente.
Para entonces las 25 personas que quedaban a bordo lo habían abandonado junto con todas las provisiones que pudieron sacar del barco y se encontraban en un campamento sobre el hielo desde el que intentar sobrevivir a la espera de la llegada de un rescate que tampoco estaba nada claro que fuera a llegar. Durante ese tiempo descubrirían que quizás el Ártico no era su peor enemigo.
Cuando Javier me habló por primera vez de este libro me dijo que más que un libro de divulgación como sus libros anteriores le había salido más bien un libro de aventuras, aunque sin faltar al rigor de la historia que cuenta.
Y doy fe de que es así. Cuando por fin me puse con él me enganchó de tal manera que no podía dejar de pasar páginas a ver qué pasaba con el capitán Bartlett y las personas que quedaron a su cargo abandonadas sobre el hielo ártico aquel lejano mes de enero, lejos de todo y de todos.
Si alguna vez has visto una charla de Javier sabrás que es un gran contador de historias. Pues en esta ocasión lo hace por escrito. Aunque durante toda la lectura oía su voz en mi cabeza contándomela.
Un libro de lo mejorcito que he leído en mucho tiempo. Te recomiendo no buscar información acerca de la expedición, Stefansson, Bartlett o del Karluk antes de leerlo, por aquello de no hacerte espoileres; por eso no he incluido enlaces.
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El De Havilland DHC-515 Firefighter, el sucesor moderno de los «botijos» apagaincendios, no llegará antes de 2028
El morro y la sección frontal del fuselaje del primer DHC-515 ya están juntos – De Havilland Canada
A principios de 2022 De Havilland Canadá confirmaba el lanzamiento del DHC-515 Firefighter, el sucesor moderno de los «botijos» apagaincendios. A principios de 2024 España, junto con Croacia, Francia, Gracia, Italia y Portugal, confirmaba la compra de varias unidades cada uno, hasta un total de 22 ejemplares, lo que permitió a la empresa arrancar la producción.
Pero aunque ya ha empezado con el ensamblado final del primero, aunque está trabajando en otros tres, también dice que ahora su estimación es empezar las entregas en 2028.
Y, al menos en España, hacen falta como agua de mayo, pues la flota actual de Canadair 215T y 415, los populares botijos, está bastante bajo mínimos: de los 18 aviones que había en 2023 este verano sólo hay en servicio siete de diez debido al envejecimiento de algunos de ellos que ya no están en condiciones de volar y de que cuatro de los 215 fueron subastados.
El De Havilland DHC-515 Firefighter, del que España recibirá seis unidades
Además, un contrato de modernización de diez 215T adjudicado en 2022 y varias veces revisado finalmente ha tenido que ser cancelado porque de algún modo fue adjudicado a empresas que no tenían acceso a los manuales del avión ni licencias necesarias para llevar a cabo los trabajos у mucho menos certificar las actualizaciones.
De hecho en estos últimos días han llegado aviones de otros países europeos para apoyar la lucha contra los tremendos incendios forestales que hay en nuestro país. Que dada su magnitud igual habría que haberlos pedido de todos modos aunque estuvieran operativos todos Canadair que opera el 43 Grupo de Fuerzas Aéreas del Ejército del Aire y del Espacio porque son muy pocos. Y menos con lo que, previsiblemente, se nos viene encima.
Claro que aquí, siendo Murphy como es, se han juntado el retraso en la llegada de los DHC-515 y el fracaso del programa de modernización de los 215T.
Otra cosa es que podamos integrar el Airbus A400M con su kit apagafuegos, que en realidad aún no está disponible, en las tareas de lucha contra los incendios forestales más allá de servir para que políticos consigan fotos y vídeos espectaculares, pues por su tamaño y maniobrabilidad nunca podrá entrar en muchos de los sitios en los que los botijos sí.
Pero eso habrá que ir viéndolo, como por ejemplo está haciendo Francia en el incendio del departamento de Gironda, donde hay un A400M lanzando retardante con un prototipo del kit.
(Lo del Firefighter vía José manuel «Gizmo»).
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