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La NASA no aterrizará en la Luna con la misión Artemisa III, que era lo que estaba previsto y anunciado hasta hoy
Los módulos de mando y servicio del Apolo 9 y el módulo lunar, a la izquierda, acoplados en órbita baja terrestre mientras el piloto del módulo de mando, David R. Scott, está en la escotilla abierta. La foto está hacha por Russell L. Schweickart, el piloto del módulo lunar, quien estaba en el porche exterior del módulo lunar, que se ve parcialmente en primer plano – NASA/Russell L. Schweickart
[Anotación en actualización]
Jared Isaacman, el director de la NASA, acaba de anunciar en una rueda de prensa que la misión Artemisa III no va a aterrizar en la Luna, tal y como estaba previsto y anunciado hasta hoy. En su lugar será una misión en órbita terrestre en la que la cápsula Orión se acoplará con un aterrizador lunar –o los dos si están listos– y en la que también se probarán los trajes espaciales que se usarán en la Luna.
Artemisa III queda así convertida en una especie de repetición de la misión Apolo 9, misión que la agencia llevó a cabo en 1969. Lo que es medianamente lógico ya que Artemisa II viene a ser el Apolo 8 de 1968.
Aunque lo que está por ver –muy por ver– es que los aterrizadores de Blue Origin y SpaceX o los trajes espaciales de Axiom vayan a estar listos para ser probados en 2027. Las dos primeras empresas están acelerando sus planes. Pero no hay que olvidar que el HLS de SpaceX se basa en el Starship, que tan siquiera ha entrado en órbita.
Los trajes, por su parte, van a ser sometidos en breve a una revisión de diseño por parte de la NASA. Sólo que por ahora no parecen convencer mucho a quienes tendrían que usarlos.
No hay que olvidar tampoco la Ley de Berger:
Si se prevé que un cohete debute en el cuarto trimestre de un año natural y faltan seis o más meses para ese trimestre, el lanzamiento se retrasará.
Impresión artística de alguien de la tripulación de la que ahora va a ser la misión Artemisa IV colocando instrumentos científicos sobre la superficie de la Luna – NASA
De esta manera el próximo aterrizaje de la NASA en la Luna queda así pospuesto para la misión Artemisa IV, que será lanzada, dicen, a principios de 2028. De hecho dicen que podrían lanzar tanto Artemisa IV como Artemisa V en 2028, ya que la idea de cambiar los objetivos de Artemisa III es, aunque suene un poco contraintuitivo, aumentar la cadencia de lanzamientos del programa.
Una de las formas de hacerlo va a ser estandarizar el diseño y las porestaciones del SLS en lugar de ir mejorándolas como estaba previsto. La idea es que eso permitirá a la agencia trabajar siempre sobre el mismo cohete y así coger soltura con él en lugar de lanzar un cohete distinto cada vez.
De lo que no se sabe mucho todavía es del futuro de la Estación Gateway ni de los roveres lunares que estaban en desarrollo. En ese sentido los responsables de la agencia han dicho que hoy no tocaba hablar de obligaciones contractuales, así que es de suponer que están negociando con otras agencias y empresas a ver por dónde tirar o, al menos, en qué plazos.
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La cápsula de carga Dragon 33 termina su misión tras haber subido la altitud de la Estación Espacial Internacional en seis ocasiones
La Dragon 33 a su partida de la Estación Espacial Internacional – Jessica Meir/NASA
La cápsula de carga Dragon 33 terminaba su misión con un amerizaje frente a las costas de California a primera hora de la mañana. Como es habitual trae de vuelta materiales de experimentos científicos y equipos de laboratorio para su análisis en tierra. A la ida había llevado 1.091 kilos de suministros para la tripulación; 447 kg para investigaciones; 55 para paseos espaciales; 587 de hardware para la Estación; y 35 kilos de material informático para un total de 2.300 kilos.
Pero esta misión tenía una novedad, y es que la cápsula montaba un sistema de propulsión en su maletero diseñado para poder subir la altitud de la órbita de la Estación, lo que hizo en hasta seis ocasiones durante los seis meses que permaneció acoplada a ella.
Los seis tanques de propelentes del kit y el tanque central de helio presurizado que sirve para moverlos por las conducciones; los motores están al otro lado de los depósitos, apuntando hacia el exterior – SpaceX
Esto es necesario porque aún a la altitud a la que está la EEI aún quedan los suficientes restos de atmósfera como para frenarla de tal forma que cada mes pierde aproximadamente un kilómetro. Así que periódicamente hay que acelerarla para que suba de nuevo.
Esta tarea la hacen habitualmente las cápsulas de carga Progress rusas, que acopladas al puerto posterior de la Estación no tienen más que encender sus motores durante unos segundos o minutos según sea necesario. Pero siempre está bien disponer de una alternativa.
De ahí el interés en probar la capacidad de la Dragon para hacerlo. Aunque como estaba acoplada al puerto frontal de la Estación antes de usarla era necesario que la EEI se diera la vuelta para que los motores de la Dragon apuntaran en el sentido adecuado.
Eso sí, dado que el maletero de las Dragon se separa de la cápsula durante la reentrada y resulta destruido en la atmósfera es necesario fabricar un sistema de propulsión nuevo cada vez que se quiera enviar una Dragon con uno.
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