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Ace: el robot que juega al tenis de mesa y gana (a veces) a jugadores de élite y profesionales
Sony AI ha desarrollado y realizado ya demostraciones reales de Ace, un robot de tenis de mesa (ping-pong*) que compite mano a mano con jugadores de alto nivel… y no solo en el laboratorio y con «reglas especiales». Está documentado a fondo en un video de Nature, incluyendo un vídeo de acción ping-pongnística en el que uno de sus creadores explica todo el trabajo.
Desde hace tiempo hemos venido siguiendo por aquí el progreso de estos robots especializados, sueño de todos los aficionadoa este deporte. Cada año los modelos que se dejaban ver superaban todas las expectativas. Comenzaron siendo torpes, luego lentos, después poco inteligentes… y casi siempre tenían que utilizar una pala especial, una pelota marcada o había otras necesidades «por la ciencia» que lo hacían tristemente diferente del tenis de mesa de competición.
En este deporte el problema técnico no es precisamente menor: la pelota puede volar a más de 20 m/s en los partidos de alto nivel, el intercambio entre golpes suele durar menos de 0,5 segundos y los giros que dan «efecto» a la pelota pueden alcanzar más de 150 rotaciones por segundo. Ace es consciente de todo esto combinando 9 cámaras con las que triangula la pelota en 3-D a 200 Hz, con un error medio de 3,0 mm en la posición y una latencia de 10,2 ms. Además de eso, para ver el efecto de la bola emplea tres sistemas adicionales de visión, capaces de detectar las rotaciones con gran precisión.
Software y hardware para crear un «profesional» del tenis de mesaLa gracia técnica está en que Ace no se limita a «ver» la pelota: también decide y ejecuta los movimientos a una velocidad asombrosa. El algoritmo que llaman «política de control» se consulta a 31,25 Hz y puede generar las trayectorias que calcula en unos 32 ms. Naturalmente, hay un poco IA: el sistema combina aprendizaje por refuerzo profundo con un control por optimización que impone lo que llaman «restricciones duras» para evitar colisiones.
Mecánicamente, como los brazos industriales normales no servían por alcance y velocidad, el equipo construyó un robot a medida con 8 grados de libertad: 2 de tipo prisma (estilo catalejo) y 6 de rotación. Los motores se sincronizan cada 1 ms y los retrasos están por debajo de los 5 ms. Es tan hábil que puede reaccionar incluso a lo que llaman «pelotas raras», movimientos que nunca ha visto antes y no están entrenados. Por ejemplo, en el vídeo [12:05] se ve cómo una pelota devuelta toca la red y cambia de trayectoria de forma random; para Ace eso no es problema, porque tras el asombro inicial recalcula y se mueve para golpear correctamente en la nueva trayectoria en pocos milisegundos.
Pruebas en competición realPara las demostraciones finales, que son las que separan la buena ingeniería del postureo, se utilizaron una mesa y una red reglamentarias, palas normales y corrientes y pelotas oficiales de competición. Lo evaluaron contra 5 jugadores de élite y 2 profesionales, hombres, mujeres y de diversas edades y experiencia. Todos se enfrentaban por primera vez al robot. Los encuentros tuvieron lugar bajo reglas oficiales de la ITTF, árbitros incluidos; el único cambio fue el «punto de oro» si se llegaba a 10-10, en vez de jugar con el tradicional «a diferencia de dos».
El resultado: en 2025 Ace se enfrentó al mejor de 3 juegos contra los élite y al mejor de 5 contra los profesionales: ganó 3 de 5 partidos frente a los élite (7 juegos ganados de 13), y perdió los 2 ante los profesionales, aunque se llevó uno de los 7 juegos. Pero atención: hace poco, ya en abril de 2026, y tras diversas mejoras, consiguió ganar a uno de los profesionales.
Está claro que si alguno de ellos quiere entrenar a fondo y no encuentra rivales sólo tiene que enchufar el robot y ponerlo a jugar. Buen sparring va a ser. Hasta el día en el que los sparrings pasen a ser los jugadores humanos, momento que llegará más pronto que tarde.
(Vía Kottke.)
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* Según me dijeron una vez, el nombre correcto es tenis de mesa, porque «ping-pong» resulta demasiado vulgar, y además leí en algún lado que es una marca registrada.
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Saltar de la sartén para caer en las brasas, versión IA superpoderosa: Mythos de Anthropic
La próxima versión de la IA de Anthropic, llamada Mythos es un modelo especializado en ciberseguridad. Ha sido recibida con mucha fanfarria, algarabía y cierto acojone cuando se ha visto de lo que es capaz. Es mucho más superpoderosa que las IA generalistas, que ya de por sí son buenas manejando código, pero esta parece haber roto todos los moldes.
La sartén…El problema es que no sé si es como para alegrarse que Mythos haya encontrado 271 vulnerabilidades en Firefox 150 cuando los de la Fundación Mozilla lo ha auditado. Son muchas. El modelo Opus 4.6 de su IA Claude ya había encontrado 22 bugs bastante raros y «delicados» en Firefox 148, en comparación. En Mozilla dicen que «es toda una suerte que Mythos sea tan hábil detectando agujeros de seguridad» porque esto permitiría llegar a eliminar los ataques de día cero: vulnerabilidades que están presentes desde el momento en que se lanza una nueva versión y nadie conoce, ni los usuarios, ni los desarrolladores, hasta que un malote las aprovecha.
Anthropic facilitó el acceso a la herramienta bajo el nombre Claude Mythos Preview / Proyecto Glasswing a un grupo de empresas elegidas, entre ellas Apple, Broadcom, Cisco, CrowdStrike, Google, JPMorganChase, la Fundación Linux, Microsoft, NVIDIA y la fundación Mozilla, bajo su responsabilidad. Da la impresión de que estaba dudando de si ponerla al alcance del público general precisamente porque como superpoderosa herramienta de IA que es puede ser usada para el bien o para el mal.
… y las brasasPor eso es preocupante que ahora estén investigando el «acceso no autorizado» a Mythos por parte de un grupo todavía desconocido, que no está en esa lista de «elegidos». Según cuentan en Engadget se habrían aprovechado de una de esas empresas colaboradoras para conseguir la herramienta antes de tiempo y ya estaría circulando por ahí. ¡Touché!
Teniendo en cuenta la cantidad de vulnerabilidades que parece capaz de encontrar Mythos y que esto afecta tanto a los navegadores web como a sistemas operativos completos y a otro tipo de software… ¿Qué podría salir mal? Pues parece que lo veremos pronto. Tic, tac, tic, tac…
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GPS preciso, relativamente hablando
Si no se tuviera en cuenta la teoría de la relatividad de Einstein, más exactamente ambas, tanto la relatividad general como la relatividad especial, los GPS no funcionarían. Es fácil de ver y calcular:
Según la relatividad especial (velocidad), cuanto más rápido se mueve un objeto, más lento pasa el tiempo para él. Los satélites GPS se mueven a unos 14.000 km/h, por lo que sus relojes se retrasan unos 7,2 μs al día en comparación con los que hay en tierra.
Según la relatividad general (gravedad), la gravedad también deforma el tiempo para ellos. Cuanto más lejos se está de un objeto masivo como la Tierra, más rápido pasa el tiempo. Los satélites orbitan a 20.200 km de altitud, donde la gravedad es más débil, por lo que sus relojes se adelantan unos 45,9 μs al día.
Aunque son opuestos, estos dos efectos relativísticos no se anulan. Lo que adelantan los relojes de los satélites debido a la gravedad es mucho mayor que el retraso que acumulan debido a su velocidad. En concreto:
45,9 μs (adelanto) − 7,2 μs (retraso) = +38,7 μs/día
Si esto no se corrigiera, los relojes de los satélites adelantarían 38,7 μs a los relojes terrestres cada día. Dado que la luz recorre 300 m cada microsegundo, el desfase haría que la posición calculada se desviara unos 10 km cada 24 horas.
¿Cómo solucionarlo? Los ingenieros incorporan esta corrección en el hardware. Los relojes de los satélites están diseñados para funcionar ligeramente más lentos que los que hay en tierra, concretamente a 10,22999999543 MHz en lugar de los 10,23 MHz habituales, lo cual compensa esos +38,7 μs/día.
Una vez en órbita, soluciona el problema del desfase relativista medio, de modo que la posición calculada sea lo más precisa posible. Sin esta corrección, el GPS dejaría de ser utilizable por impreciso en cuestión de horas. Igual que si fallara el control humano de los satélites. [Fuente: How The Heck Does GPS Work? en PerThirtySix.]
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